viernes, junio 13, 2008

CARACTERÍSTICAS DE LAS COMUNIDADES CRISTIANAS

Estas características vendrían a conformar los que distinguirían cómo serán las comunidades cristianas de la Parroquia Sagrada Familia, llamada a organizarse subrayando lo comunitario, y esto como comunidad de comunidades cristianas. Esta red de comunidades que conforman la Parroquia como célula viva del Pueblo Santo de Dios, queremos que se destaquen en 5 características o dimensiones fundamentales de su vida cristiana y eclesial: ("Características de la Parroquia Jesuítica en la América Latina de Hoy"; Página 15).

  • FE EN JESUCRISTO Y EN SU REINO: "Es voluntad de Dios el salvar y santificar a los hombres, no aisladamente sino constituyendo un Pueblo"(LG, nro.9), el Pueblo de la Alianza (Ex, 30). Como Dios Trinidad, el pueblo en comunidad. La Iglesia, Pueblo de Dios (1 Ped 2,9-10), sacramento de salvación (LG, 48), tiene como finalidad última el unir -"religar"- la humanidad con su Señor (GS, 32). Amar y comulgar con Dios conlleva amar al prójimo (Jn 15,9-13). Hoy, el Señor nos sigue invitando a rejuvenecer la Iglesia, su Pueblo, y llegar a ser personas adultas en la fe, lo cual se facilita en las pequeñas comunidades de base (DM, cap. 15, nro.10; DP, 642). De esta manera la parroquia se organiza como comunidad de comunidades de hijos e hijas de Dios, al servicio del Reino (EN, 58; RM, 51).

  • FRATERNAS-HERMANAS: La vida divina es el Amor. Esto se funda en la revelación que el único Dios verdadero, vive en la Trinidad de personas: Dios es comunidad en el Amor. Jesús es un creyente en el Dios-Amor (Mt 22,34-40; Lc 10,25-37). Jesús hace del Amor mutuo el mandamiento y señal de sus seguidores (Jn 13,34-35). En esta comunidad de hermanos y hermanas se cuida al que tiene más necesidad y donde los pobres con Espíritu sean el corazón de las comunidades cristianas. De esta manera los laicos pobres reconocen su dignidad y por variados ministerios son también sujetos y agentes de pastoral.

  • MISIONERAS: Creó Dios , nuestro Padre, al hombre y la mujer en Jesucristo, su Hijo, con vocación filial y fraterna en el Amor (Col. 1,15-18; Ef. 1,3-6). Pero el pecado, nacido del egoísmo humano, lastima y corrompe la vida humana y la fraternidad (Gén. 4,5-12; Rom. 5,12). Ante las personas y la historia herida por el pecado, el Amor de Dios se hace misionero y liberador: "Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Único, no para condenar el mundo, sino para salvarlo"(Jn. 3,16-17). Jesús, ungido por el Espíritu, "sale"de Nazaret a liberarnos de todo mal y reconstruir la fraternidad con plena entrega de Sí mismo (Mc. 1,14-15; Lc. 4,16-21). Jesús llamó y formó a sus discípulos/as, para que siguieran su misión y "salieran", con entrega plena a predicar el Reino (Mt. 10, 1-26), y para ello les transmitió su Espíritu, quien los unge y posibilita para la misión (Jn. 20,22; Hech. 2,1-4). El nos va conformando en el Hijo (2 Cor. 3,17-18), impulsa a su seguimiento (Mt. 5,3-12), y guía todo discernimento (Gál. 5,16-24). La misión es un compromiso comunitario. La envangelización se realiza en pueblos y culturas diferentes. Para que alcance al corazón de personas y pueblos debe ser inculturada (DSD, 243-248; SA, 70). La parroquia como comunidad de comunidades cristianas debe ser misionera, manantial de ministerios y ministros que "salgan"en misión por la vida y la fraternidad, a fin de inculturar el Evangelio en todo y todos.

  • SOLIDARIAS: Dios es solidario con todos. Por ello, no sólo no abandona nuestros pueblos, al pecador y al necesitado, sino nos entrega a su Hijo para salvarnos, el cual solidariamente se hace uno de nosotros hasta la muerte y muerte en cruz (Filip. 2,6-11). Este Amor solidario comprende al hombre todo y su sociedad: es integral. Jesús nos enseñó a unir el "Padre nuestro...y el pan nuestro", pues es el mismo Creador quien nos dio corazón y estómago: esto implica armonizar el trabajar para que el pan sea nuesto (de todos), y así viviendo en la mesa como hermanos manifestemos a Dios como Padre nuestro (de todos). Jesús acompañó a su anuncio y denuncia del Reino del Padre y la fraternidad, con acciones y señales, que lo hacían creíble y por las cuales el pueblo lo reconoció como profeta (Mt. 16,14) e hizo el amor solidario, criterio último de la comunón o rechazo de Dios y los hermanos (Mt. 25,31-46). Es más, Jesús es el samaritano solidario (Lc. 10,25-37) "que encarna la caridad y no solo se conmueve, sino que se transforma en ayuda eficaz"(DSD, 159).

  • LITÚRGICAS: La liturgia agradable al Padre ha sido la oblación de toda la vida de Jesucristo, la cual alcanza su plenitud en su Pascua (Filip. 2,5-11). Jesucristo es el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza: por ello vive su ser sacerdotal en cada momento de su vida (Hb. 5,1-10; 9,11-10,25). Dicho sacerdocico está enraizado y centrado en la solidaridad y la misericordia: "misericordia quiero, que no sacrificios"(Mt. 9,13). La vida y pascua de Jesucristo es la fuente y cumbre del sacerdocio de la compasión y misericordia, en oposición a un culto formal y vacío (Hb. 10,5-10; SC, 7.10).